2 Reyes 4:20
El criado lo tomó y lo llevó a su madre, y el niño estuvo sentado en sus rodillas hasta el mediodía, y luego murió.
Traducción Jesucristo.com.ar · Basada en la KJVEl versículo en su contexto
Leé el pasaje junto con los versículos anteriores y posteriores. El sentido de un texto bíblico depende también del desarrollo del capítulo.
17 Pero la mujer concibió y dio a luz un hijo en la época que Eliseo le había dicho, según el tiempo de la vida.
18 El niño creció, y un día salió a donde estaba su padre con los segadores.
19 Y dijo a su padre: «¡Mi cabeza, mi cabeza!» El padre dijo a un criado: «Llévalo a su madre».
20 El criado lo tomó y lo llevó a su madre, y el niño estuvo sentado en sus rodillas hasta el mediodía, y luego murió.
21 Ella subió, lo acostó sobre la cama del hombre de Dios, cerró la puerta y salió.
22 Llamó a su esposo y le dijo: «Te ruego que me envíes uno de los criados y una de las asnas, para que vaya rápidamente al hombre de Dios y regrese».
23 Él preguntó: «¿Por qué vas a verlo hoy? No es día de luna nueva ni de sábado». Ella respondió: «Todo está bien».
Por Matthew Henry · Adaptación editorial al español
Significado y explicación
El versículo narra la triste y rápida muerte del hijo de la sunamita, una mujer que había recibido una bendición especial con el nacimiento de este niño tras oraciones fervientes. Aun siendo un niño muy querido y ya alejado de los riesgos propios de la infancia, sufrió una enfermedad que terminó con su vida al mediodía, a pesar de los cuidados maternos.
Contexto literario
Este episodio se ubica en un conjunto de eventos (2 Reyes 4:18-37) donde se revela la relación íntima entre la sunamita y el profeta Eliseo, quien le había anticipado el nacimiento del hijo. La narración muestra la alegría inicial por esta bendición y la súbita crisis que dejó a la familia en aflicción, situando la escena en el contexto de la vida familiar y espiritual en torno a un profeta reconocido.
Desarrollo del pasaje
El relato refleja una profunda humanidad: el niño, fruto de esperanzas y oraciones, experimenta un adelanto en su condición tras enfermar tras salir al campo, lugar donde el calor o el frío exacerbaron su dolencia. Su traslado a los brazos de su madre es un gesto de ternura y esperanza de recuperación, pero la realidad es la muerte. La madre, construida como una figura de fe prudente, no murmura ni se queja; en cambio, mantiene la convicción firme de que el profeta podría devolverle la vida a su hijo. Esta actitud muestra una fe activa y confiada, que provee consuelo y un recurso ante la tragedia. Su proceder cuidadoso y respetuoso al buscar la ayuda de Eliseo ilustra el habitual respeto y cooperación familiar y espiritual de la época, marcando así un contraste entre dolor y esperanza.
Nota de lectura
Este pasaje destaca la relación entre fe y realidad humana, revelando cómo las personas en tiempos bíblicos enfrentaban la pérdida y el sufrimiento con una mezcla de aceptación y confianza en la intervención divina. La pronta muerte del niño, vista desde la cultura y espiritualidad de la época, se interpreta no solo como una tragedia personal sino como una prueba para la fe y el poder de Dios manifestado a través del profeta. La historia subraya también la importancia del apoyo comunitario y la intercesión espiritual en momentos de crisis.
Fuente histórica consultada: Matthew Henry, Commentary on the Whole Bible ↗ · Pasaje comentado: 2-kings 4:18-37. Síntesis editorial en español; no es una cita literal.
Lectura histórica desde una perspectiva cristiana protestante. Las tradiciones interpretativas pueden diferir.
Referencias cruzadas
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