2 Reyes 4:36
Eliseo llamó a Guejazi y le dijo: «Llama a la sunamita». Él la llamó, y cuando ella entró, él le dijo: «Toma a tu hijo».
Traducción Jesucristo.com.ar · Basada en la KJVEl versículo en su contexto
Leé el pasaje junto con los versículos anteriores y posteriores. El sentido de un texto bíblico depende también del desarrollo del capítulo.
33 Entró, cerró la puerta tras ambos y oró al Señor.
34 Luego subió y se tendió sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca de él, sus ojos sobre sus ojos y sus manos sobre sus manos; y se extendió sobre él, y la carne del niño entró en calor.
35 Después se levantó y anduvo por la casa de un lado a otro; luego subió y se extendió sobre él nuevamente. Entonces el niño estornudó siete veces y abrió los ojos.
36 Eliseo llamó a Guejazi y le dijo: «Llama a la sunamita». Él la llamó, y cuando ella entró, él le dijo: «Toma a tu hijo».
37 Ella entró, cayó a sus pies y se postró hasta el suelo; luego tomó a su hijo y salió.
38 Eliseo volvió a Gilgal. Había hambre en la tierra, y los hijos de los profetas estaban sentados ante él. Él dijo a su criado: «Pon la olla grande y haz un guiso para los hijos de los profetas».
39 Uno de ellos salió al campo a recoger hierbas, y halló una vid silvestre, y de ella recogió calabazas silvestres llenando su manto, y las cortó en pedazos en la olla del guiso, sin saber lo que eran.
Por Matthew Henry · Adaptación editorial al español
Significado y explicación
El versículo muestra un momento clave en el relato donde Eliseo, tras una dramática experiencia con la muerte y resurrección del hijo de la sunamita, llama a ella para entregarle a su hijo vivo. Este acto confirma la restauración del niño a través del poder divino manifestado por el profeta, cerrando así un episodio que demuestra la fiel confianza de la mujer y la intervención sobrenatural en circunstancias desesperadas.
Contexto literario
El pasaje corresponde al relato extenso en 2 Reyes 4:18-37, donde se narra cómo el hijo recién nacido de la mujer sunamita, a quien Eliseo había favorecido, de repente muere. La mujer, confiando en la justicia y poder de Dios, busca al profeta, quien finalmente restaura la vida al niño después de varios intentos y oraciones fervientes. La historia destaca la fe, la aflicción y la autoridad espiritual de Eliseo como mediador de la voluntad divina.
Desarrollo del pasaje
El relato plantea inicialmente la alegría y el cariño tanto de los padres como del profeta por el hijo nacido fruto de la oración. Sin embargo, la muerte inesperada del niño provoca una prueba de fe y paciencia para la mujer, quien mantuvo su confianza en el poder de Dios a pesar del dolor. El profeta, tras un intento fallido a través de su siervo, actúa personalmente para orar y aplicar un contacto físico simbolizando una transmisión de vida. La resistencia y la fe de la madre se manifiestan cuando insiste en acompañar al profeta. La restauración final del niño a la vida es un signo palpable de la intervención divina y del valor de la fe activa y confiada en Dios en medio de la adversidad.
Nota de lectura
Este relato enfatiza que la confianza en Dios no elimina el dolor ni la pérdida, pero sostiene la esperanza en su poder para revertir incluso lo aparentemente irreversible, como la muerte. La acción de Eliseo y la respuesta de la mujer hacen visible que la restauración espiritual y física depende de la intervención directa de Dios y de la intercesión humana con fe perseverante.
Fuente histórica consultada: Matthew Henry, Commentary on the Whole Bible ↗ · Pasaje comentado: 2-kings 4:18-37. Síntesis editorial en español; no es una cita literal.
Lectura histórica desde una perspectiva cristiana protestante. Las tradiciones interpretativas pueden diferir.
Referencias cruzadas
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