2 Reyes 2:22
Y las aguas quedaron sanas hasta hoy, conforme a la palabra que Eliseo había hablado.
Traducción Jesucristo.com.ar · Basada en la KJVEl versículo en su contexto
Leé el pasaje junto con los versículos anteriores y posteriores. El sentido de un texto bíblico depende también del desarrollo del capítulo.
19 Los hombres de la ciudad dijeron a Eliseo: «Mira, te rogamos, la situación de esta ciudad es buena, como mi señor ve; pero el agua es mala y la tierra es estéril».
20 Él respondió: «Tráiganme una vasija nueva y pongan sal en ella». Y se la trajeron.
21 Entonces fue al manantial de las aguas, echó allí la sal y dijo: «Así dice el Señor: He sanado estas aguas; no habrá más en ellas muerte ni esterilidad».
22 Y las aguas quedaron sanas hasta hoy, conforme a la palabra que Eliseo había hablado.
23 De allí subió a Betel; y mientras subía por el camino, salieron de la ciudad unos muchachos que se burlaron de él, diciendo: «¡Sube, calvo! ¡Sube, calvo!»
24 Él se volvió, los miró y los maldijo en el nombre del Señor. Entonces salieron dos osas del bosque y despedazaron a cuarenta y dos de aquellos muchachos.
25 De allí se dirigió al monte Carmelo, y luego regresó a Samaria.
Por Matthew Henry · Adaptación editorial al español
Significado y explicación
El versículo 2 Reyes 2:22 relata cómo Eliseo sanó las aguas de Jericó mediante un acto que se mantuvo efectivo hasta el momento de la redacción del comentario. Esto se enmarca en un contexto donde Jericó, a pesar de haberse construido en desobediencia y con consecuencias negativas, aún contaba con personas justas y fieles a Dios. Eliseo, quien recibió el doble espíritu de Elías, aplicó un acto simbólico y obediente a Dios al lanzar sal en la fuente, demostrando que las obras divinas requieren la participación activa y la fe de quienes las reciben. La mejora no fue momentánea, sino permanente, evidenciando que la transformación espiritual y física operada por Dios es duradera.
Contexto literario
El versículo pertenece al pasaje 2 Reyes 2:19-25, donde se narran dos milagros realizados por Eliseo: la purificación del agua en Jericó y la condena a los niños burlones en Betel. Jericó era una ciudad problemática, construida en rebeldía, pero también lugar donde Dios todavía actuaba a favor de sus fieles, sanando un mal vital como el agua. La comunidad local acudió a Eliseo, buscando reparación por el agua no potable y la infertilidad de la tierra, mostrando la confianza depositada en el profeta y en Dios.
Desarrollo del pasaje
Eliseo fue requerido por los habitantes de Jericó para atender un problema serio de agua dañada. En señal de obediencia y fe, les solicitó sal y la arrojó al manantial que abastecía el agua de la ciudad. Este acto simboliza que las soluciones divinas van más allá de lo visible y requieren la colaboración humana conforme a las instrucciones de Dios. La transformación resultante restableció la calidad del agua y la fertilidad del terreno, una señal clara de la bendición divina que perdura. Se enfatiza que Eliseo no actuó por su poder sino en el nombre del Señor, haciendo de sus palabras el vehículo de la voluntad y autoridad divinas.
Nota de lectura
Este milagro resalta la importancia de la obediencia y la fe activa en la experiencia de la gracia divina. La permanencia del efecto milagroso muestra que la obra de Dios, cuando es realizada según Su voluntad, trasciende lo temporal para producir cambios duraderos. Además, Jericó ilustra cómo, incluso en contextos construidos en pecado, Dios puede manifestar su misericordia y justicia, brindando espacio para la piedad y la transformación.
Fuente histórica consultada: Matthew Henry, Commentary on the Whole Bible ↗ · Pasaje comentado: 2-kings 2:19-25. Síntesis editorial en español; no es una cita literal.
Lectura histórica desde una perspectiva cristiana protestante. Las tradiciones interpretativas pueden diferir.