Éxodo 6:12
Y Moisés respondió delante del Señor: «Mira, los hijos de Israel no me han escuchado; ¿cómo, pues, me escuchará Faraón, siendo yo torpe de labios?»
Traducción Jesucristo.com.ar · Basada en la KJVEl versículo en su contexto
Leé el pasaje junto con los versículos anteriores y posteriores. El sentido de un texto bíblico depende también del desarrollo del capítulo.
9 Así habló Moisés a los hijos de Israel; pero ellos no escucharon a Moisés, por la angustia de espíritu y la dura servidumbre.
10 Entonces el Señor habló a Moisés, diciendo:
11 «Entra y habla a Faraón, rey de Egipto, para que deje salir de su tierra a los hijos de Israel».
12 Y Moisés respondió delante del Señor: «Mira, los hijos de Israel no me han escuchado; ¿cómo, pues, me escuchará Faraón, siendo yo torpe de labios?»
13 El Señor habló a Moisés y a Aarón, y les dio instrucciones para los hijos de Israel y para Faraón, rey de Egipto, para sacar a los hijos de Israel de la tierra de Egipto.
14 Estos son los jefes de las casas de sus padres: los hijos de Rubén, primogénito de Israel: Hanoc, Falú, Hezrón y Carmí; estas son las familias de Rubén.
15 Y los hijos de Simeón: Jemuel, Jamín, Ohad, Jaquín, Zohar y Saúl, hijo de una cananea; estas son las familias de Simeón.
Por Matthew Henry · Adaptación editorial al español
Significado y explicación
En Éxodo 6:12, Moisés expresa su frustración y dudas ante Dios porque los israelitas no han escuchado su mensaje, lo que le lleva a cuestionar cómo podrá hacer que el faraón le preste atención, siendo él "torpe de labios". Este versículo refleja la dificultad de ser portador de un mensaje divino cuando ni siquiera el propio pueblo escucha, y se teme que un enemigo aún menos receptivo, como el faraón, tampoco lo hará. Además, Moisés se reconoce falible en su capacidad de comunicación, un sentimiento humano de inseguridad frente a la misión encomendada.
Contexto literario
Este versículo forma parte de un pasaje (Éxodo 6:10-13) donde Dios envía a Moisés por segunda vez ante el faraón para exigir la liberación de los israelitas. Antes de iniciar castigos, Dios repite sus mandatos, reiterando la obligación de llamar a los pecadores una y otra vez. Moisés, desalentado, plantea objeciones sobre la efectividad de su misión, tanto por la resistencia del pueblo de Israel como por sus propias limitaciones para hablar con elocuencia.
Desarrollo del pasaje
Moisés se lamenta porque el pueblo no le ha prestado atención, lo que alimenta su pesimismo acerca de poder persuadir al faraón. Considera que si su propio pueblo está endurecido, mucho más lo estará el gobernante egipcio, antagonista y orgulloso. También alude a su deficiencia al hablar, una inseguridad personal que ya había manifestado antes. Sin embargo, la respuesta divina a estas dudas es clara: la gracia de Dios puede suplir cualquier debilidad humana. Para disipar la disputa y confusión, Dios incorpora a Aarón en la misión y les impele a ambos a cumplir con fidelidad y prontitud lo encomendado, señalando que la autoridad divina supera cualquier objeción humana.
Nota de lectura
Este pasaje muestra la tensión entre la inseguridad humana y la confianza en la soberanía divina. Aunque Moisés siente incapacidad y desánimo, el mandato divino es firme, y su fuerza puede completarse en las debilidades humanas. Además, refleja cómo la falta de receptividad en los propios creyentes puede desalentar a los mensajeros de Dios, pero esto no debe impedir que cumplan su servicio con fidelidad.
Fuente histórica consultada: Matthew Henry, Commentary on the Whole Bible ↗ · Pasaje comentado: exodus 6:10-13. Síntesis editorial en español; no es una cita literal.
Lectura histórica desde una perspectiva cristiana protestante. Las tradiciones interpretativas pueden diferir.
Referencias cruzadas
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