Estudio / Lucas 9 / Versículo 39

Lucas 9:39

«Un espíritu lo toma, y de repente grita; lo sacude con violencia hasta que echa espuma, y apenas se aparta de él, queda maltrecho».

Traducción Jesucristo.com.ar · Basada en la KJV

El versículo en su contexto

Leé el pasaje junto con los versículos anteriores y posteriores. El sentido de un texto bíblico depende también del desarrollo del capítulo.

36 Cuando cesó la voz, Jesús quedó solo. Ellos guardaron silencio y, en aquellos días, no dijeron a nadie nada de lo que habían visto.

37 Al día siguiente, cuando bajaron del monte, una gran multitud se le acercó.

38 Y he aquí, un hombre de entre la multitud clamó: «Maestro, te ruego que mires a mi hijo, porque es mi único hijo».

39 «Un espíritu lo toma, y de repente grita; lo sacude con violencia hasta que echa espuma, y apenas se aparta de él, queda maltrecho».

40 «Rogué a tus discípulos que lo expulsaran, pero no pudieron».

41 Jesús respondió: «¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes y los soportaré? Trae aquí a tu hijo».

42 Cuando se acercaba, el demonio lo derribó y lo sacudió con violencia. Pero Jesús reprendió al espíritu impuro, sanó al niño y se lo devolvió a su padre.

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Por Matthew Henry · Adaptación editorial al español

Análisis del pasaje

Significado y explicación

El versículo presenta un estado de gran aflicción en un niño poseído por un espíritu maligno que lo sacude violentamente hasta el punto de echar espuma y quedar maltrecho. Este detalle muestra la gravedad y el daño físico causado por el mal, reflejando la lucha extrema que viven tanto el niño como su padre. Se destaca la intensidad del ataque demoníaco y la casi total ausencia de control del niño sobre su propio cuerpo mientras el espíritu lo posee y agita sin piedad.

Contexto literario

Este versículo se sitúa al siguiente día después de la transfiguración de Jesús, cuando Él y sus discípulos bajan del monte. Al regresar, encuentran un ambiente de confusión y problema entre sus seguidores. El pasaje engloba la petición angustiosa de un padre para que Jesús alivie a su único hijo, quien sufre bajo la influencia de un espíritu impuro. La escena refleja un momento de necesidad urgente y de fe puesta en Jesús, en contraste con la incapacidad de los discípulos para resolver la situación.

Desarrollo del pasaje

El relato evidencia, primero, la disposición del pueblo a buscar a Jesús con prontitud ante la adversidad. Luego, muestra la súplica humilde y ferviente del padre, que demanda solo una mirada compasiva para restaurar a su hijo. El estado del niño, descrito en el versículo 39, confirma la gravedad del mal que lo aflige y la angustia que genera en la familia. Se contrasta también la falencia en la fe y la autoridad espiritual de los discípulos al no poder expulsar el espíritu, lo que Jesús reprende. Finalmente, se anticipa la poderosa acción de Jesús para sanar completamente al niño y devolverlo a su padre, enfatizando la capacidad divina que trasciende la humana.

Nota de lectura

Es importante destacar la relación entre la experiencia humana de sufrimiento y la intervención divina. El versículo ilustra cuán destructivo puede ser el mal cuando posee a alguien, y la profunda necesidad de acudir a Cristo para obtener restauración y alivio. Además, subraya la vulnerabilidad de quienes, aunque seguidores de Jesús, aún luchan con la fe y el poder asignado para enfrentar el mal.

Fuente histórica consultada: Matthew Henry, Commentary on the Whole Bible ↗ · Pasaje comentado: luke 9:37-42. Síntesis editorial en español; no es una cita literal.

Lectura histórica desde una perspectiva cristiana protestante. Las tradiciones interpretativas pueden diferir.

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Referencias cruzadas

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