Mateo 8:5
Cuando Jesús entró en Capernaúm, se le acercó un centurión y le rogó:
Traducción Jesucristo.com.ar · Basada en la KJVEl versículo en su contexto
Leé el pasaje junto con los versículos anteriores y posteriores. El sentido de un texto bíblico depende también del desarrollo del capítulo.
2 Y he aquí, se acercó un leproso, se postró ante él y dijo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme».
3 Y Jesús extendió la mano, lo tocó y dijo: «Quiero; queda limpio». Y al instante su lepra fue purificada.
4 Jesús le dijo: «Mira, no se lo digas a nadie; pero ve, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que Moisés ordenó, para que les sirva de testimonio».
5 Cuando Jesús entró en Capernaúm, se le acercó un centurión y le rogó:
6 «Señor, mi siervo está en casa paralítico y sufre mucho».
7 Jesús le dijo: «Iré y lo sanaré».
8 Pero el centurión respondió: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solo di la palabra, y mi siervo quedará sano».
Por Matthew Henry · Adaptación editorial al español
Significado y explicación
El versículo describe el momento en que Jesús llega a Capernaúm y un centurión romano se le acerca para pedirle ayuda por la enfermedad de su sirviente. Esta escena funciona como una demostración de la gracia y el poder de Jesús, además de evidenciar la fe excepcional de un gentil y hombre de autoridad militar, poco común en relatos bíblicos.
Contexto literario
El pasaje (Mateo 8:5-13) narra un milagro realizado por Jesús en Capernaúm, ciudad donde estableció su residencia durante parte de su ministerio. El centurión, un oficial romano encargado del ejército en esa ciudad, se presenta con humildad y fe para solicitar la curación de su sirviente enfermo de parálisis. A través de esta historia se ilustra la inclusión de los gentiles en el mensaje y milagros de Jesús, y se contrasta la fe del centurión con la de Israel.
Desarrollo del pasaje
En el encuentro, el centurión actúa con respeto y reconocimiento hacia la autoridad espiritual de Jesús, acercándose no con exigencias sino con una súplica humilde. Esto señala su fe en el poder de Cristo para sanar, incluso a distancia, sin necesidad de contacto físico directo. Se destaca la humildad del centurión al considerarse indigno de que Jesús entre en su casa, lo que refleja su gran respeto y reverencia. Además, la preocupación del centurión por la salud de su sirviente revela un trato justo y compasivo hacia los subordinados, algo no siempre común en soldados de la época. La fe del centurión es tan fuerte que comprende que con solo una palabra Jesús puede ordenar la sanidad, poniendo como ejemplo la obediencia absoluta que él mismo ejerce sobre sus soldados. Esta confianza es alabada por Jesús, quien destaca la gran fe del gentil, anticipando la expansión del mensaje de salvación a los no judíos.
Nota de lectura
Este relato muestra que la gracia de Dios y el poder sanador de Jesús no están limitados por fronteras étnicas ni sociales. La fe genuina, demostrada en este caso por un oficial romano, es valorada por Cristo más que la pertenencia cultural o religiosa. Además, el pasaje invita a imitar la obediencia y humildad del centurión al acercarnos a Jesús con confianza en su autoridad y disposición para ayudarnos.
Fuente histórica consultada: Matthew Henry, Commentary on the Whole Bible ↗ · Pasaje comentado: matthew 8:5-13. Síntesis editorial en español; no es una cita literal.
Lectura histórica desde una perspectiva cristiana protestante. Las tradiciones interpretativas pueden diferir.
Referencias cruzadas
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