Cantares 3:1
Por las noches, en mi lecho, busqué a aquel a quien ama mi alma; lo busqué, pero no lo hallé.
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Leer este capítulo →Por las noches, en mi lecho, busqué a aquel a quien ama mi alma; lo busqué, pero no lo hallé.
Ver ficha y comentario →Me levantaré ahora, recorreré la ciudad por sus calles y plazas; buscaré a aquel a quien ama mi alma. Lo busqué, pero no lo hallé.
Ver ficha y comentario →Me encontraron los centinelas que rondan la ciudad, y les pregunté: «¿Han visto a aquel a quien ama mi alma?»
Ver ficha y comentario →Apenas los había dejado, hallé a aquel a quien ama mi alma. Lo abracé y no lo solté, hasta llevarlo a la casa de mi madre, al aposento de la que me concibió.
Ver ficha y comentario →Les conjuro, hijas de Jerusalén, por las gacelas y las ciervas del campo, que no despierten ni perturben el amor hasta que él lo desee.
Ver ficha y comentario →¿Quién es esta que sube del desierto, como columnas de humo, perfumada con mirra e incienso, con todos los aromas del mercader?
Ver ficha y comentario →Miren la litera de Salomón; sesenta valientes la rodean, los más valientes de Israel.
Ver ficha y comentario →Todos ellos empuñan espada, expertos en la guerra; cada uno lleva su espada al costado, por temor durante la noche.
Ver ficha y comentario →El rey Salomón se hizo una carroza de madera del Líbano.
Ver ficha y comentario →Hizo sus columnas de plata, su respaldo de oro, su asiento de púrpura; su interior está adornado con amor, por las hijas de Jerusalén.
Ver ficha y comentario →Salgan, hijas de Sion, y contemplen al rey Salomón, con la corona con que lo coronó su madre el día de su boda, el día del gozo de su corazón.
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