Estudio / Levítico 20 / Versículo 1

Levítico 20:1

Y el Señor habló a Moisés, diciendo:

Traducción Jesucristo.com.ar · Basada en la KJV

El versículo en su contexto

Leé el pasaje junto con los versículos anteriores y posteriores. El sentido de un texto bíblico depende también del desarrollo del capítulo.

1 Y el Señor habló a Moisés, diciendo:

2 «Dirás de nuevo a los hijos de Israel: Cualquiera de los hijos de Israel, o de los extranjeros que habiten en Israel, que entregue alguno de sus hijos a Moloc, ciertamente morirá; el pueblo de la tierra lo apedreará con piedras.

3 Y yo pondré mi rostro contra ese hombre y lo eliminaré de entre su pueblo, porque ha entregado a sus hijos a Moloc, contaminando mi santuario y profanando mi santo nombre.

4 Y si el pueblo de la tierra de alguna manera aparta sus ojos de ese hombre cuando entregue de sus hijos a Moloc, y no lo mata,

Leer el capítulo completo →

Por Matthew Henry · Adaptación editorial al español

Análisis del pasaje

Significado y explicación

El pasaje de Levítico 20:1 forma parte de un mandato divino renovado a Moisés para que instruya al pueblo de Israel. Este acto de repetición no era innecesario ni redundante, sino que buscaba enfatizar la gravedad de lo que se comunicaba y la necesidad de una obediencia cuidadosa. En el contexto de Levítico 20:1-9, Dios advierte sobre tres pecados graves que merecen la muerte: la víctima infantil en sacrificios a Moloch por parte de los padres, el maltrato y la falta de respeto de los hijos hacia los padres, y la consulta a espiritistas y prácticas de adivinación que implican desviación espiritual y apostasía. Estas transgresiones no solo quebrantan normas sociales y religiosas, sino que también profanan el nombre santo de Dios y contaminan el santuario. La advertencia incluye que tanto el culpable como sus cómplices serán castigados; la justicia divina se ejecutará incluso si la humana falla. En el núcleo de estas leyes está el llamado a la santidad personal y comunitaria, explícito en la invitación a "santificarse" y cumplir fielmente los estatutos divinos. La santidad constituye la respuesta adecuada a la identidad otorgada por Dios como pueblo escogido, quien es el agente y modelo de esta santificación. La exhortación subraya que la gracia divina no anula la responsabilidad humana, sino que motiva y capacita para la obediencia consistente y la separación del pecado y la idolatría.

Contexto literario

El versículo se ubica al inicio de un bloque legislativo (Levítico 20:1-9) donde se renuevan y enfatizan leyes contra prácticas idólatras y sociales licenciosas que amenazan la pureza y el honor de Israel como pueblo santo de Dios. Estas normas buscaron evitar que los israelitas se contaminaran con costumbres paganas, especialmente con sacrificios infantiles y prácticas espiritistas, y preservaron la autoridad moral dentro del hogar, estableciendo límites claros para mantener la santidad comunitaria y religiosa.

Desarrollo del pasaje

En Levítico 20:1, el Señor se dirige a Moisés para reiterar instrucciones ya dadas previamente, enfatizando la importancia de la obediencia a estas normativas que prohíben prácticas como el sacrificio de hijos a Moloch, la desobediencia y falta de respeto filial, y la comunicación con espíritus. Tales prácticas implicaban un daño directo a la naturaleza humana, a la santidad del pueblo y al propio nombre de Dios. La severidad de las sanciones refleja no solo el daño social sino también la ofensa espiritual que representan. Además, se establece que incluso si la justicia humana falla, Dios intervendrá para corregir a los transgresores y a quienes los amparen. En medio de estas leyes, se destaca el mandato general de santificarse y observar las leyes divinas como respuesta al llamado y a la santificación que Dios mismo otorga a su pueblo, dejando claro que la responsabilidad humana es fundamental y debe manifestarse en una vida consagrada y obediente.

Nota de lectura

La reiteración de la voz divina a Moisés subraya la necesidad de atención y reverencia frente a los mandamientos expresados, mostrando que la repetición en la Escritura no es sencilla redundancia, sino un recurso para destacar la gravedad de ciertos pecados y la importancia del cumplimiento fiel. Además, se enfatiza que la santidad incluye tanto principios internos como acciones externas y que la identidad especial del pueblo de Dios supone una obligación ineludible de vivir conforme a sus estatutos, con la seguridad de que Dios mismo asegura el cumplimiento y la guía de esta santificación.

Fuente histórica consultada: Matthew Henry, Commentary on the Whole Bible ↗ · Pasaje comentado: leviticus 20:1-9. Síntesis editorial en español; no es una cita literal.

Lectura histórica desde una perspectiva cristiana protestante. Las tradiciones interpretativas pueden diferir.

Seguí explorando