Juan 20:27
Luego dijo a Tomás: «Acerca aquí tu dedo, mira mis manos; acerca también tu mano y métela en mi costado; no seas incrédulo, sino creyente».
Traducción Jesucristo.com.ar · Basada en la KJVEl versículo en su contexto
Leé el pasaje junto con los versículos anteriores y posteriores. El sentido de un texto bíblico depende también del desarrollo del capítulo.
24 Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.
25 Entonces los otros discípulos le dijeron: «Hemos visto al Señor». Pero él les respondió: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, y meto mi dedo en el lugar de los clavos, y pongo mi mano en su costado, no creeré».
26 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos reunidos, y Tomás con ellos. Jesús llegó, estando las puertas cerradas, se puso en medio y dijo: «Paz a ustedes».
27 Luego dijo a Tomás: «Acerca aquí tu dedo, mira mis manos; acerca también tu mano y métela en mi costado; no seas incrédulo, sino creyente».
28 Tomás respondió y le dijo: «¡Señor mío y Dios mío!».
29 Jesús le dijo: «Porque me has visto, has creído; dichosos los que no vieron y creyeron».
30 Jesús realizó además muchas otras señales delante de sus discípulos, que no están registradas en este libro;
Por Matthew Henry · Adaptación editorial al español
Significado y explicación
El pasaje de Juan 20:27 se enmarca dentro de una de las apariciones post-resurrección de Jesús a sus discípulos, específicamente ocho días después del primer encuentro registrado en el capítulo 20. Esta visita tuvo un propósito claro: confrontar la incredulidad de Tomás y fortalecer la fe de todos los discípulos, especialmente en el contexto de la futura ausencia física de Jesús. Cristo, al aparecer en medio de sus discípulos con las puertas cerradas, indica tanto su poder sobre la barrera física como la continuidad de su presencia espiritual en la comunidad creyente. La invitación a Tomás a tocar sus heridas fue una gracia especial para disipar sus dudas, ofreciendo un encuentro directo con la realidad de la resurrección. Este hecho señala la paciencia y misericordia de Cristo ante la duda humana, que es expuesta abiertamente pero tratada con ternura. La exhortación final a no ser incrédulo sino creyente resalta la importancia de una fe firme y confiante, gracias a la cual se afirma la verdadera experiencia de Cristo resucitado.
Contexto literario
Este versículo está incluido dentro del relato de las apariciones de Jesús resucitado a sus discípulos en el Evangelio de Juan, específicamente en el capítulo 20, versículos 26 a 31. Ocurre ocho días después de la aparición inicial, en la cual Tomás no estuvo presente y manifestó dudas acerca de la resurrección. La narrativa destaca el espacio de tiempo entre las apariciones y la ubicación en Jerusalén, con las puertas cerradas por temor. Este momento tiene un valor especial para establecer la práctica de la reunión cristiana y la observancia del primer día de la semana como día sagrado.
Desarrollo del pasaje
La demora de ocho días para la segunda aparición no fue casual, sino diseñada para enseñar lecciones espirituales profundas. Primero, sirvió para enfrentar la incredulidad de Tomás, dándole una última oportunidad de confirmar el hecho de la resurrección por sí mismo. Segundo, probó la fe y la paciencia de los demás discípulos, habituándolos a vivir la experiencia de la ausencia física de Jesús. Tercero, marcó el primer día de la semana como día indicado para la celebración y reunión cristiana, preludio del domingo como día de culto. Cuando Jesús apareció, lo hizo en medio de la comunidad, subrayando la centralidad de la vida congregacional y su presencia permanente entre los creyentes. Su invitación a Thomas para tocar sus heridas no solo reitera la evidencia tangible de la crucifixión y resurrección, sino que también simboliza la aceptación humilde de la debilidad y duda humanas. La respuesta de Tomás, aunque no explícita en este versículo, será una confesión potente que reafirma la identidad divina de Jesús. Finalmente, el Señor concluye con un exhorto a la fe, que va más allá de la necesidad de pruebas visibles.
Nota de lectura
Este episodio refleja la humanidad y la divinidad de Jesús al mismo tiempo: su comprensión y paciencia con las dudas humanas, y su autoridad para confirmar la fe mediante la manifestación tangible de su cuerpo resucitado. También apunta a la necesidad de la fe viva sin la constante presencia física, fundamento para la vida religiosa cristiana a través de los siglos. La mención de las heridas invita a recordar la pasión y la muerte de Jesús como centro de la fe, mientras la invitación a creer sin ver busca fortalecer a aquellos que no pueden dar testimonio directo sino que viven la fe en comunidad y tradición. Por último, esta historia subraya que la credibilidad del mensaje cristiano no depende solo de la evidencia, sino de la gracia y de la apertura del creyente.
Fuente histórica consultada: Matthew Henry, Commentary on the Whole Bible ↗ · Pasaje comentado: john 20:26-31. Síntesis editorial en español; no es una cita literal.
Lectura histórica desde una perspectiva cristiana protestante. Las tradiciones interpretativas pueden diferir.
Referencias cruzadas
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