Estudio / 1 Samuel

1 Samuel 9

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1 Samuel 9:2

Tenía un hijo llamado Saúl, un joven escogido y apuesto; no había entre los hijos de Israel otro más hermoso que él. De los hombros hacia arriba, sobresalía por encima de todo el pueblo.

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1 Samuel 9:3

Las asnas de Quis, padre de Saúl, se habían perdido. Entonces Quis dijo a su hijo Saúl: «Toma contigo a uno de los criados, levántate y ve a buscar las asnas».

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1 Samuel 9:4

Pasaron por la región montañosa de Efraín y atravesaron la tierra de Salisá, pero no las hallaron. Luego cruzaron la tierra de Salim, y tampoco estaban allí. Después recorrieron la tierra de Benjamín, y no las encontraron.

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1 Samuel 9:5

Cuando llegaron a la tierra de Zuf, Saúl dijo a su criado que iba con él: «Ven, regresemos, no sea que mi padre deje de preocuparse por las asnas y se angustie por nosotros».

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1 Samuel 9:6

Pero el criado le respondió: «Mira, en esta ciudad hay un hombre de Dios, un hombre respetado; todo lo que dice se cumple sin falta. Vamos allá; quizá él nos indique el camino que debemos seguir».

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1 Samuel 9:7

Entonces Saúl dijo a su criado: «Pero, si vamos, ¿qué le llevaremos? Porque el pan se ha acabado en nuestras alforjas, y no tenemos ningún presente para ofrecer al hombre de Dios. ¿Qué tenemos?»

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1 Samuel 9:8

El criado respondió a Saúl: «Mira, tengo aquí a mano la cuarta parte de un siclo de plata; se la daré al hombre de Dios para que nos indique nuestro camino».

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1 Samuel 9:9

(En tiempos antiguos en Israel, cuando alguien quería consultar a Dios, decía: «Vayamos al vidente»; porque al que hoy llamamos profeta, antes se le conocía como vidente).

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1 Samuel 9:12

Ellas respondieron: «Sí, está delante de ustedes; apúrense ahora, porque hoy ha venido a la ciudad, ya que el pueblo tiene hoy sacrificio en el lugar alto.

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1 Samuel 9:13

Al entrar en la ciudad, lo encontrarán pronto, antes de que suba al lugar alto a comer; porque el pueblo no comerá hasta que él llegue, pues él bendice el sacrificio, y después comen los invitados. Suban ahora, porque en este momento lo hallarán».

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1 Samuel 9:16

«Mañana a esta misma hora te enviaré un hombre de la tierra de Benjamín, y lo ungirás como príncipe sobre mi pueblo Israel. Él librará a mi pueblo de mano de los filisteos, porque he mirado a mi pueblo, pues su clamor ha llegado hasta mí».

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1 Samuel 9:19

Samuel respondió a Saúl: «Yo soy el vidente. Sube delante de mí al lugar alto, porque hoy comerán conmigo, y mañana temprano te dejaré ir y te revelaré todo lo que hay en tu corazón».

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1 Samuel 9:20

En cuanto a las asnas que se te perdieron hace ya tres días, no te preocupes por ellas, porque han sido halladas. ¿Y para quién es todo el deseo de Israel, sino para ti y para toda la casa de tu padre?»

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1 Samuel 9:21

Saúl respondió: «¿No soy yo benjaminita, de la más pequeña de las tribus de Israel, y mi familia la más insignificante de todas las familias de Benjamín? ¿Por qué, pues, me hablas de esa manera?»

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1 Samuel 9:24

El cocinero sacó la pierna y lo que estaba sobre ella, y la puso delante de Saúl. Y Samuel dijo: «¡Mira lo que ha sido reservado! Ponlo delante de ti y come, porque para este momento se ha guardado para ti, desde que dije: “He invitado al pueblo”». Así Saúl comió con Samuel aquel día.

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1 Samuel 9:26

Se levantaron temprano, y al despuntar el alba Samuel llamó a Saúl en la azotea, diciendo: «Levántate, que quiero despedirte». Saúl se levantó, y ambos salieron juntos.

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1 Samuel 9:27

Cuando llegaron al extremo de la ciudad, Samuel dijo a Saúl: «Di al criado que se adelante» (y él se adelantó), «pero tú quédate quieto un momento, para que escuches la palabra de Dios».

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